domingo, 5 de noviembre de 2017

"1984"-George Orwell







Las ediciones de 1984 agotadas días después de la elección del actual presidente estadounidense, Donald Trump, eran claramente un testimonio de un revuelo mediático frente a un inminente futuro apocalíptico del continente americano. Se pronosticaba la llegada de un sanguinario dictador, peor que Hitler o Stalin, capaz de cualquier cosa con tal de aislar y tiranizar al rico país del tío Sam. Las increíbles noticias sobre la elección del “monstruo” republicano hacían sospechar un cataclismo político sin precedentes. Basta con leer los periódicos y desilusionarse. Luego de casi un año de gobierno, en que han progresado las investigaciones de la CIA por el sonado Russia-Gate, donde las políticas excluyentes de Trump se han visto frustradas por la organización burocrática de un país tradicionalmente “democrático”, acechado por los brotes de racismo y la proliferación del terrorismo armado de nacionales y extranjeros, así como la aplicación de las desafortunadas maniobras diplomáticas (insultos y mofas) del popular Businessman tensionando la política internacional etc., han dejado un panorama indeseable, un mal sabor de boca de promesas incumplidas y una dudosa administración destinada al desengaño y al fracaso.

Imagino que la vida del señor Trump y su familia debe ser un gran Reality show, comparable a The Osbournes o al popular Keeping Up With The Kardashians, exponiendo su cotidianidad y privacidad a los ojos del mundo, al público, los medios, las redes sociales etc., Tal vez la vigilancia obsesiva que retrata tan bien Orwell en la sociedad distópica de 1984, refleje en algo las circunstancias actuales de las celebridades (políticos, escritores, actores y cantantes famosos etc.,) en el mundo online. Afortunadamente los estratos bajos y medios (igual que los proles) conservan un limitado margen de libertad, respecto al ocultamiento de un espacio privado o personal.

Por el contrario, los miembros del Partido bajo la autoridad de El Gran Hermano en la Oceanía distópica orwelliana están absolutamente coaccionados. Las telepantallas vigilan hogares, oficinas y lugares públicos que suelen frecuentar en su rutina cotidiana. La policía del pensamiento sabe todo acerca de los movimientos, acciones e intenciones de cada individuo del partido, los hijos denuncian a sus padres, los padres a sus hijos, las esposas a sus esposos, los amigos a sus amigas y viceversa. El amor filial y el placer sensual resultan eliminados en pro del Partido y la obediencia al Big Brother, en su lugar cada funcionario está obligado a participar diariamente en los dos minutos de Odio y en los eventos y actividades organizados en la semana del Odio. Las palabras paracrimen, negroblanco y doblepensar sostienen la educación y disciplina de los infantes del Partido. El doblepensar es la facultad aprendida más interesante porque requiere “el control de la realidad” por parte del individuo, enfrentar dos ideas contradictorias y privilegiar la que se acomode a los dictámenes del Partido, borrar los recuerdos en pro de sus disposiciones actuales. Un engaño consciente. Por eso, la cultura del palimpesto en Oceanía exige que todo el pasado sea alterado o falsificado permanentemente.  

El célebre eslogan: “La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza.”, pretende anular el significado racional de éstas palabras. Las distinciones y las diferencias son suprimidas del pensamiento. La homogeneidad propuesta por la cultura consumista contemporánea, encontraría en la frase de Orwell su más grande expresión. Los tres súper-Estados: Oceania, Eurasia y Asia Oriental, al vivir en eterna guerra, provocan que este se vuelva un estado “normal” y “regular” en la vida terrestre. La policía del pensamiento constriñe “el yo privado y libre” del individuo, al punto de que la libertad significa completa obediencia y subordinación a los mandatos del Ingsoc. El miembro del partido no puede pensar ni recordar. El individuo no tiene razón ni memoria, únicamente obedece y acata lo que diga el partido. Hay un par de frases deliciosas que me llamaron fuertemente la atención, dichas por el implacable O´Brien mientras torturaba a Winston:

“Primero debes darte cuenta de que el poder es colectivo. El individuo sólo detenta poder en tanto deja de ser un individuo. Ya conoces la consigna del Partido «La libertad es la esclavitud»… Lo segundo de que tienes que darte cuenta es que el poder es poder sobre seres humanos. Sobre el cuerpo, pero especialmente sobre el espíritu.”

“—Controlamos la materia porque controlamos la mente. La realidad está dentro del cráneo“

“¿Cómo afirma un hombre su poder sobre otro?
 Winston pensó un poco y respondió:
—Haciéndolo sufrir.
—Exactamente. Haciéndolo sufrir. No basta con la obediencia. Si no sufre, ¿cómo vas a estar seguro de que obedece tu voluntad y no la suya propia? El poder radica en infligir dolor y humillación. El poder están en la facultad de hacer pedazos los espíritus y volverlos a construir dándoles nuevas formas elegidas por ti”

“El espionaje, las traiciones, las detenciones, las torturas, las ejecuciones y las desapariciones se producirán continuamente. Será un mundo de terror a la vez que un mundo triunfal”


Como Rebelión en la Granja, 1984 tiene un fuerte contenido político y social, plantea preguntas y cuestiones que pasarán la prueba de los siglos. Confieso que Orwell es de mis escritores favoritos de todos los tiempos, he tenido la oportunidad de leer sus libros en lengua inglesa y traducidos al español: excepcional ensayista y estupendo escritor de ficción.   

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